En lo más profundo de la Serra de Tramuntana, en la carretera que conecta Inca con el Santuario de Lluc, en una zona llena de acantilados sobre el mar Mediterráneo, nos encontramos un lugar cargado de misterio y tragedia: el Salt de la Bella Dona (bella mujer). Esta leyenda, transmitida de generación en generación, cuenta la historia de un amor imposible y de un destino marcado por la desgracia.
Hace siglos, cuando Mallorca era un lugar de campesinos y señores feudales, en un pequeño pueblo cercano a la costa vivía una joven de extraordinaria belleza. Una mujer de extraordinaria belleza y a la que su hermosura y dulzura le valieron el nombre de la Bella Dona.
Un día, mientras paseaba por los caminos empedrados de la montaña, la Bella Dona conoció a un joven campesino de origen humilde. A pesar de las diferencias sociales que los separaban, entre ellos floreció un amor puro e inquebrantable. Sin embargo, el destino les tenía preparado un camino lleno de obstáculos, pues la familia de la joven había decidido casarla con un noble poderoso, un hombre cruel y despiadado.
Cuando la Bella Dona se enteró de su inminente matrimonio forzado, su corazón se llenó de desesperación. Decidida a no vivir una vida sin amor, huyó en busca de su amado, con la esperanza de escapar juntos y comenzar una nueva vida lejos de las imposiciones de su familia.
Pero el noble, enfurecido por la desobediencia de la joven, ordenó a sus hombres que la persiguieran. Tras una frenética persecución a través de los senderos de la Tramuntana, la Bella Dona llegó al borde de un acantilado. Sin escapatoria y viendo que su amado no había logrado alcanzarla a tiempo, tomó una decisión desesperada: con la mirada fija en el horizonte y una lágrima rodando por su mejilla, se lanzó al vacío, prefiriendo morir libre antes que vivir encadenada a un destino impuesto.
Desde aquel día, el acantilado donde ocurrió la tragedia fue bautizado como el Salt de la Bella Dona. Los lugareños aseguran que, en las noches de luna llena, el viento trae consigo un lamento lastimero que parece surgir desde las profundidades del mar, el eco de una historia de amor truncada por la injusticia. Algunos incluso dicen haber visto una figura irreal sobre el precipicio, como si la Bella Dona aún buscara el amor que le fue arrebatado.
Hoy en día, el Salt de la Bella Dona sigue siendo un lugar envuelto en misterio, visitado por quienes buscan sentir la fuerza de la leyenda y contemplar el mismo paisaje que una vez presenció el trágico final de la Bella Dona. Es un recordatorio de que el amor verdadero no siempre encuentra un final feliz, pero su huella perdura a través del tiempo.
